Archivo de la categoría ‘Madrid Singular’
Lo mejor de la Zona Norte de Madrid.
Urbanización La Moraleja
El conjunto residencial de la urbanización de lujo La Moraleja, es un núcleo naturalmente preservado y distinto de su entorno, en el que más del 70 por ciento es superficie verde. Cuenta con mas de 1000 parcelas individuales, 391 parcelas de adosados, 7 parcelas dotacionales y 26 parcelas escolares. La Urbanización de La Moraleja, está dividida en tres zonas: Zona Centro; Zona Sur y Zona este. La tipología de viviendas de la urbanización es la de unifamiliar aislada; la ocupación máxima de la edificación es del 10 % en las zonas centro y sur y del 20% en la zona este.
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Imágenes cedidas por Niesa. (www.niesa.es)
Dotada de varios centros comerciales, dos magníficos campos de golf, la mayor concentración de colegios privados de Madrid, tanto nacionales como internacionales.
Los inicios de La Moraleja se remontan a principios del S XVIII, entonces, formaba parte de los aledaños de EL Pardo de patrimonio real. Carlos III incluye esta área entre sus cuarteles denominándola “Dehesa de la Moraleja situada en el Término de Hortaleza”. El plan de ordenación de La Moraleja se desarrolla en el año 1946 como un conjunto residencial de ciudad jardín sobre 589,98 hectáreas del término de Alcobendas, 65,72 a Fuencarral y 9,33 a Hortaleza, hoy Madrid.

La inmobiliaria Gilmar ha sido pionera en dar servicios inmobiliarios en la zona norte de Madrid, llevamos 25 años en esta exclusiva urbanización. Hemos participado activamente en la consolidación de la Urbanización de La Moraleja y su entorno más cercano y de todas las urbanizaciones situadas a ambos lados de la Carretera de Burgos.
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Comenzamos en 1985 en una oficina situada dentro del Centro Comercial en pleno corazón de La Moraleja y desde hace 5 años estamos ubicados en la misma entrada de la Urbanización, en la plaza de la Moraleja, donde se desarrolla el día a día de la actividad comercial de la zona. Hoy, desde nuestras oficinas se aprecian las nuevas torres del Paseo de La Castellana.
Lo que distingue a esta exclusiva urbanización por estar plenamente integrada en el núcleo urbano de Madrid.

Por conformar el plano de la zona, también El Encinar de los Reyes que ha tenido una gran transformación ya que hasta hace muy poco tiempo era la zona de residencia de los americanos que trabajaban en la base militar de Torrejón de Ardoz, El Soto de la Moraleja; El Arroyo de la Vega, donde además de viviendas unifamiliares, se pueden encontrar pisos con amplias zonas verdes; los nuevos desarrollos urbanísticos de Sanchinarro; Las Tablas, Alcobendas y San Sebastian de los Reyes , así como la nueva ciudad que se está creando en el Parque de Valdebebas, con la ciudad deportiva del Real Madrid CF . y la futura Ciudad de La Justicia.
Nuestra actividad nos lleva además a las comunidades y urbanizaciones que se encuentran a ambos márgenes y a lo largo de la carretera de Burgos, llegando hasta el municipio de San Agustín de Guadalix, sin olvidarnos de otros términos como Algete, Cobeña, Fuente del Saz, etc, cada uno de ellos con su singular encanto. Urbanizaciones muy próximas a Madrid, a sólo 15 minutos del Paseo de la Castellana, dotadas de un solo control de entrada y salida, con vigilancia y patrulla las 24 horas.

La Urbanización Fuente del Fresno, está situada a 16 kilómetros de Madrid, se compone por 626 parcelas, 22 Kms. de viales y el 37% de zonas verdes donde predominan fresnos y rosales de gran belleza. Asimismo, existe un centro comercial, iglesia, salón parroquial, guardería y zona de recreo. Las viviendas son chales independientes de gran calidad.

Las urbanizaciones de Santo Domingo y Ciudadalcampo, muy próximas entre sí, están situadas a los márgenes izquierdo y derecho del kilómetro 28 de la NI respectivamente. En ambas encontramos viviendas excepcionales con parcelas que van desde 1000 hasta 5.000 metros cuadrados, con vistas panorámicas hacia Madrid y la Sierra Norte. Las infraestructuras son del mejor nivel. En la zona disponen de centro comercial, escuelas públicas y privadas, club social y deportivo, campo de golf, restaurantes, y están además perfectamente comunicadas con la Plaza de Castilla de Madrid, a través de autobuses interurbanos. Incluso servicio propio dentro de la urbanización.

Entre los años 2001 y 2003 se construyó la Urbanización Club de Campo, con el objetivo de atender las necesidades de jóvenes familias. Está situada entre Fuente del Fresno y Ciudalcampo. La misma se compone de chales adosados distribuidos en pequeñas comunidades dotadas de jardines, piscina y zonas deportivas.


En Valdelagua, urbanización de aproximadamente 300 parcelas hay casas magníficas con estrictas medidas de vigilancia, que ofrecen a sus residentes una calidad de vida de total exclusividad e independencia.
En estos nuevos desarrollos urbanísticos de la zona norte de Madrid, las infraestructuras juegan un papel relevante, como por ejemplo, el metro; hospitales, colegios, centros de salud, plazas y parques para niños; accesos de entrada y salida a Madrid, y una cómoda y rápida comunicación con el Aeropuerto Internacional de Barajas.
El área de influencia de la oficina Gilmar de La Moraleja, abarca también los recientes desarrollos de los términos de Alcobendas y San Sebastián de los Reyes, dotados de las infraestructuras propias de cascos urbanos modernos.
Dado que somos una empresa cuyo mercado natural son las viviendas de alto nivel, desde la oficina de Gilmar de La Moraleja llevamos además la comercialización de las principales Colonias de Chalets que existen en el casco urbano de Madrid.
Zonas como El Viso, próxima a la calle Serrano, Pío XII, Alfonso XIII, Puerta de Hierro; La Piovera y Alameda de Osuna, Parque Conde de Orgaz , EL Bosque y zona de influencia de la calle Arturo Soria, por destacar alguna de las áreas más emblemáticas de Madrid.
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Antonio Sánchez, Director comercial oficina Gilmar La Moraleja
Vivir a Todo Lujo
En la urbanización madrileña La Finca (Pozuelo), las casas cuestan entre dos y doce millones. Un recinto blindado de palacios vanguardistas donde Ronaldo es vecino de Alejandro Sanz.
Patricia Gosálvez
Una mañana de junio de 1993, el pensionista Amador Ruiz, alias El Matador, y su hijo apedrearon a un lagarto verdinegro en un retamal de Pozuelo de Alarcón. Se lo iban a comer encebollado, porque la pensión del padre no daba para comprar carne. Les pilló la Guardia Civil, y como el bicho (Lacerta schreiberi Bedriaga) estaba protegido, les cayó una multa de un millón de pesetas… Tiempo después, olvidado ya el asunto, las grúas entraron en aquel campo de retama para convertirlo, lagartos mediante, en una de las urbanizaciones más exclusivas de Europa.
Hoy, en La Finca de Pozuelo sigue habiendo conejos y perdices, pero campan entre mansiones habitadas por Cristiano Ronaldo o Alejandro Sanz.
El trozo de campo en el que hoy viven varios cargos del PP fue adquirido en 1989 por el promotor Luis García Cereceda (Procisa), uno de los constructores del boom de los ochenta, cercano a algunos dirigentes del PSOE. La inversión no dio sus frutos hasta que se aprobó el proyecto de urbanización en 1997. Desde principios de los 2000 se ha construido un macrocomplejo que incluye 1.000 viviendas y uno de los parques empresariales más grandes y exitosos de Europa (120.000 metros cuadrados).
Las 180 casas más exclusivas de La Finca se encuentran en la urbanización Los Lagos, donde mansiones a medida se construyen a gusto del cliente.
“En el garaje de una de las mansiones, un vecino tiene 10 coches, suelo de mármol y una cascada”
La Finca no es una urbanización más. Como tantas otras del noroeste madrileño, es lujosa, mucho, pero además está
blindada como pocas, y rezuma una atmósfera de club selecto. En parte se debe a que entre sus residentes hay muchos personajes conocidos: del futbolista Fernando Torres al empresario Antonio Catalán (fundador de los hoteles AC).
Una vanguardista garita da acceso a los vecinos. A ellos las vallas se les abren solas, gracias a un dispositivo colocado en el coche. Pasado un pequeño túnel, se emerge a un mundo perfecto de césped, lavandas y lagos repletos de patos. Entre los pinos silvestres, una legión de cámaras vela por la paz del recinto. El lugar conserva cierto aire rural, algunos caminos aún no están pavimentados, hasta que -dispersas en 65 hectáreas de zonas comunes que nadie, salvo los jardineros, parece usar- comienzan a aparecer las mansiones. Moles vanguardistas de volumetrías angulosas, palacios del siglo XXI construidos en hormigón y travertino. Esta es la zona más exclusiva de La Finca, llamada Los Lagos, las últimas 125 hectáreas construidas por Procisa, donde los chales a medida llegan a costar 12 millones (sólo las parcelas, de entre 3.000 y 10.000 metros cuadrados, oscilan entre los cinco y los siete millones). Aunque todas las mansiones
son distintas, tienen el mismo estilo, ya que en esta zona, por contrato, sólo proyecta el estudio de arquitectura A-Cero. “Cereceda quería un oasis de lujo y elegancia que tuviese coherencia en su conjunto, fue una idea visionaria”, explica el arquitecto Joaquín Torres, autor de los chales más imponentes de la urbanización. Todo está pensado: los estrechos viales apenas tienen aceras para que la gente no aparque en la “calle” y los coches hagan feo.
Sólo con ver el garaje de una de estas mansiones, uno imagina lo que le espera. Un vecino tiene 10 coches sobre suelo de mármol y una cascada en el aparcamiento para impresionar a las visitas. Dentro, el derroche: 1.500 metros de muebles diseñados ad hoc, un salón tras otro, cocinas de película. Casi todas las casas cuentan con dos piscinas, exterior y cubierta, y un gimnasio que parece sacado de un hotel de cinco estrellas. Aquí lo normal es que los hogares cuenten con bodega y sala de cine privada; algunos, con galerías de tiro y búnkeres subterráneos. Lo que pida el cliente: “Las casas más especiales son como trajes a medida”, dice el arquitecto. Los detalles se discuten a veces hasta dos años en reuniones cada quince días.
Entre la gente con dinero también hay clases. En La Finca existen casas más normales, adosados de unos 500 metros cuadrados (y unos dos millones de euros), donde los vecinos no tienen tanta capacidad de elección, pero sí se sienten parte del club. “Soy un enamorado de La Finca”, explica uno de los primeros residentes, de profesión alto ejecutivo inmobiliario, que prefiere no dar su nombre. “Yo me crié en un pueblo, y aquí estoy en casa, llámalo ambiente… la clave de este lugar es que te sientes totalmente independiente, pero al mismo tiempo arropado por la comunidad”. Habitante de un pueblo exclusivo dentro de otro pueblo, Pozuelo, con la renta per cápita más alta de Madrid. Cuando este vecino adquirió su chalé hace unos años, sobre plano, tuvo que pasar un casting. “Tenías que ser admitido para comprar, fui un privilegiado”, explica. Los interesados debían apuntarse en una lista, hacer un depósito (de entre 6.000 y 20.000 euros), presentarse a una entrevista y esperar a que la promotora les diese el sí, puedes. Si no eran aceptados (”hubo bastantes casos”), se les devolvía el dinero. “Es una promotora muy seria, con una visión revolucionaria del sistema de ventas, que después han imitado algunos; aunque con la crisis, el casting se hace solo”, dice el vecino.
La cita previa parece la premisa de La Finca. Un ejemplo: en el Reebok Sports Club (25.000 metros cuadrados, dentro del recinto) no facilitan el precio de la matrícula por teléfono. Hay que concertar cita y entrevistarse con un comercial en el gimnasio. Tampoco los chalés se enseñan a cualquiera. “Se vende por medio de inmobiliarias con una sólida cartera de clientes de altísimo poder adquisitivo”, explica Elena Ureña, directora comercial de Gilmar Consulting Inmobiliario, la empresa que alquiló la casa a Cristiano Ronaldo. “No se anuncian de forma masiva, funciona más el boca a boca”. Antes de acercarse siquiera a la garita con el interesado, las inmobiliarias se aseguran de que “se trata de verdad de un cliente potencial”. “El filtro de visitas es estricto”, dice Ureña. Se tantea el poder adquisitivo del cliente, se piden los permisos de acceso… Lejos de ser un engorro, el proceso forma parte del encanto del lugar, ya que, según la inmobiliaria, la mayoría de la gente que pide ver casas en La Finca lo hace atraída por su exclusiva seguridad y la consecuente promesa de intimidad.
“En seguridad, La Finca está a años luz de otras urbanizaciones de este tipo”, explica un portavoz del Grupo Sercon, la empresa que se ocupa de vigilar la urbanización. “El recinto cuenta con una excelente infraestructura tecnológica para hacerlo; el mérito no es nuestro, digamos que nosotros nos limitamos a conducir un Mercedes, el mérito es del fabricante”.
En la empresa prefieren no dar detalles sobre el sistema integral que protege el lugar (como, por ejemplo, cuánta gente hace falta para ello), ya que su obligación es “defender la intimidad de los clientes con la máxima discreción”. Un paseo por la urbanización deja claras algunas de las medidas: tres garitas de entrada con guardia y control total de las visitas (que tienen que obtener permiso telefónico en directo de su anfitrión), cámaras, infrarrojos, detectores de movimiento, patrullas 24 horas, un doble perímetro, también video vigilado, aunque la última valla dé al monte (es decir, no hay modo de acercar un camión para desvalijar una casa). “Cada vez más urbanizaciones de lujo tienen sistemas integrales, pero no a este nivel, porque no se lo pueden permitir”, explican en Sercon.
Sobre el papel, La Finca parece infranqueable, un ejemplo de lo que los urbanistas llaman la “bunkerización” del extrarradio burgués, zonas aisladas y sobreprotegidas, más por factores psicológicos (como el aumento de la riqueza personal) que por elementos externos (como el aumento de la criminalidad).
Y sin embargo, conduciendo por los paseos ajardinados y los espacios abiertos de Los Lagos, uno no se puede sentir más lejos de un búnker. Los árboles disimulan las cámaras y el lugar es tan inmenso que ni siquiera ves las vallas. Dentro del recinto, las casas se esconden discretamente tras setos bajos. No dan la sensación de fortaleza de otras urbanizaciones de lujo: no hay verjas altísimas, perros furiosos, carteles de no pasar. “Urbanísticamente, la gran idea del promotor fue crear anillos absolutamente privados, lo que te proporciona un recinto muy exclusivo, un sistema acorazado pero agradable”, dice el arquitecto Joaquín Torres. “En la mayoría de las urbanizaciones de lujo de la zona, las vallas de entrada son disuasorias”, explica Eva Izquierdo, concejal del PSOE de Pozuelo, que solía pasear a su perro por aquí cuando era un campo lleno de cartuchos de cazadores (suya es la anécdota del lagarto). “Con la ley en la mano puedes entrar en casi cualquier urbanización, por mucha valla de dudosa legalidad que pongan, ya que sus calles son públicas y se benefician de los equipamientos del Ayuntamiento; en La Finca es distinto, todo el recinto vallado es propiedad privada”.

La urbanización está registrada como una sola parcela gigante. Funciona como una comunidad de vecinos, donde el tercero izquierda, en vez de un piso, es una mansión de mil metros cuadrados. Ni siquiera entre las propias urbanizaciones que existen dentro de La Finca, unos vecinos tienen acceso a los espacios comunes de los otros. Como las calles son privadas, también lo es el alumbrado y el camión de la basura, que suponemos pasa a una hora que no molesta. “No lo sé”, dice el vecino, “pero supongo, porque nunca lo he oído”. “La seguridad es una obsesión para la gente con dinero, pero resulta muy incómoda si es particular”, dice Torres, el arquitecto, que también es vecino de la urbanización. “Aquí depende de la comunidad y tú te olvidas”. “Yo dejo las llaves en el coche, la puerta de casa abierta, los niños en el jardín”, coincide el otro vecino. “Privatizar las calles es una idea muy simple, pero muy eficaz; mira que hay urbanizaciones, pero la gente se viene a esta, aunque cruzando la garita haya otras igual de buenas y más baratas, buscando esa tranquilidad”. Mucho más si uno, además de rico, es famoso y le persiguen los paparazzi.
En Procisa prefieren no hablar de La Finca. “Nuestra política es la discreción total, comprendemos la atención mediática, pero no hablamos de la urbanización para preservar la intimidad de nuestros clientes, ya que es una de las razones por las que nos escogen”, se disculpa una portavoz de la promotora. Redundando en ello, en su página web -bajo el lema “Queremos ser parte de su vida, queremos ser parte de su prestigio”- explican que La Finca es “el más selecto, exclusivo y seguro conjunto residencial de España”. Sus “parcelas personalizadas”, es decir, las más caras, representan su “filosofía llevada a su máximo exponente”: “Ofrecer a nuestro cliente una residencia que materialice su personalidad. Cada espacio, cada rincón, será la materialización de sus sueños”. Soñar es gratis, pero no en La Finca. La web de la promotora se cuida elegantemente de dar precios, pero una búsqueda en Internet desvela ofertas en la urbanización. Adosado de 567 metros, 1.900.000 euros (en http://casas.trovit.es); chalé de 927 metros, 3.800.000 euros (en www.idealista.com); mansión de 1.600 metros, 8.400.000 euros (www.tucasa.com). El precio por metro cuadrado llega a los 7.000 euros (la media en Madrid es de unos 3.000). Y sin embargo, está claro que a la gente le gusta soñar… uno de estos anuncios lo han visto 7.568 personas. Sólo siete se han animado a contactar por correo electrónico con el anunciante.
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EL PAIS
El barrio más cosmopolita
El madrileño barrio de Chueca no es ni el Village neoyorkino, ni el Soho londinense ni el Castro de San Francisco ni el Marais parisino, pero tiene un poco de cada uno de ellos. En un breve espacio de tiempo -el que va desde los años 90 hasta hoy- Chuecaha logrado posicionarse como el eje de la modernidad española. A comienzos del siglo XXI bien pudiera ser este barrio el mejor ejemplo de una zarzuela postmoderna, mezcla de las añejas esencias de la música y la cultura decimonónicas con las más atrevidas y futuristas convenciones sociales de un Madrid de progreso en el que reinan la creatividad, la tolerancia y el gusto por la vida a partes iguales.
La mezcla, la diversidad, los diferentes modos de entender la vida urbana acaban siendo el hábitat natural de la tolerancia
Chueca es una parte de lo que podríamos llamar “centro-centro” de Madrid. Situado al norte de la Gran Vía, limita al este con la calle Barquillo y al oeste con Fuencarral. El cierre norte es una trilogía formada por las calles de Bárbara de Braganza y Fernando VI y Mejía Lequerica, de este a oeste. Los vecinos de Chueca, los de toda la vida, los que han nacido y viven aquí, dicen que sus calles nunca habían brillado como ahora, que ya no se acuerdan del antiguo y triste barrio y que lo mejor está todavía por venir.
Salamanca, el barrio del Marqués
Cualquiera que pasee hoy por el Barrio de Salamanca se dará cuenta de que está en eso que popularmente se conoce como “lo mejor de Madrid”. Aquí se encuentran las mejores tiendas de la ciudad, algunos interesantes museos, muy destacados restaurantes y, sobre todo, magníficos edificios neoclásicos, vecinos de otros más modernos y confortables, que albergan viviendas de alta calidad.
Salamanca es un barrio concebido para el confort. Su nombre se debe a su gran promotor, el Marqués de Salamanca, José de Salamanca y Mayol, una de las mayores fortunas del siglo XIX. Él fue el verdadero impulsor de la zona del ensanche que lleva su nombre, a pesar de que en su concepción se llamó “Plan Castro”, puesto que su proyecto lo realizó el arquitecto, ingeniero y urbanista sevillano Carlos María de Castro por encargo del entonces ministro de Fomento, Claudio Moyano, cuya estatua, por cierto, puede verse hoy en la Cuesta que lleva su nombre, a orillas del Parque del Retiro.
En aquella época, Salamanca y Mayol no era aún marqués, título que adquirió en 1863, cuando contaba con 53 años y una gran fortuna. Su papel fue el de “impulsor” esto es, constructor del barrio. Porque, hay que decirlo, su biografía nunca estuvo exenta de acontecimientos, buenos y malos. Baste decir que cuando murió, 20 años después, en 1883, estaba endeudado por valor de 6 millones de reales, cosa en absoluto extraña para un personaje que a lo largo de una vida de lujo y sibaritismo extremos había sido abogado, conspirador, alcalde, juez, banquero, contratista de obras, empresario de teatros, director de empresas, ingeniero, agricultor, ganadero, ministro, senador, diputado, marqués, conde y Grande de España. La estatua de este particular personaje está en el centro de la Plaza que también lleva su nombre.
Pero, vayamos al barrio. Su ubicación geográfica viene definida por las calles limítrofes: por el oeste, el Paseo de Recoletos y el Paseo de la Castellana; por el sur, la Calle Alcalá y la Calle O’Donnell; por el este, la Avenida de la Paz (Calle 30) y por el norte, la calle María de Molina y Avenida de América. El censo del Instituto Nacional de Estadística, le atribuía 147.707 habitantes en 2008.
Fue éste el primer barrio pensado con algunos criterios urbanísticos modernos. Su planta de cuadricula, la altura de los edificios, la red sanitaria (fue el primer barrio de Madrid en tener agua corriente y wc, pues en aquel tiempo aún existía la costumbre del “¡¡agua va!!”), el alumbrado público, el ancho de las calles (30 metros para las principales, 20 para las secundarias y 15 para las demás), el volumen de los jardines (una cuarta parte del barrio se destinaba a plazas, arbolado y jardines públicos), lo hacían un espacio privilegiado que, naturalmente, fue ocupado por personajes y familias de una posición destacada dentro de la sociedad madrileña de la época. Entre ellos el propio marqués, cuyo palacio es hoy una de las sedes del BBVA, dedicada a exposiciones de arte. Un edificio espectacular situado muy cerca de otro palacio emblemático: el de Línares, hoy Casa de América, frente a la Plaza de Cibeles.
En este barrio han vivido algunos personajes ilustres de la historia y de la vida social española. Filósofos como José Ortega y Gasset; científicos como Ramón y Cajal y una pléyade de hombres de letras entre los que podemos citar a Juan Ramón Jiménez, Federico García Lorca, Rubén Darío, César Vallejo, Valle Inclán o Miguel Hernández.
Hoy, una vez derogadas las primeras propuestas de Castro, que establecían sélo tres plantas, más la baja y patio interior con jardín, que debía ocupar tanto espacio como el edificio, Salamanca es un barrio algo más dispar que el concebido en el plan primigenio. Siguen abundando los edificios neoclásicos que presumen de abolengo junto a otros más modernos y a algunos restos de antiguos palacios.
Pero, sigue siendo un lugar que transmite elegancia, clase, templanza. No abundan las estridencias, por el contrario, se ha poblado de las más elegantes tiendas de la capital, abundan los bancos, los buenos restaurantes, algunas de las más elegantes oficinas, los bufetes de abogados famosos y los buenos hoteles. Es una joya. Un barrio para pasear, disfrutar de sus clásicos cafés y recrear la vista ante el desfile de multitud de jóvenes y elegantes mujeres o atildados caballeros que van y vienen de su corazón a sus asuntos, como diría Miguel Hernández.
En sus calles de líneas perpendiculares rigurosamente trazadas, destacan algunos ejes: Serrano y Velázquez, de sur a norte o Goya y Ortega y Gasset, de este a oeste. No hay que olvidar a Juan Bravo, con su bulevar central, que conecta a Salamanca con el castizo Chamberí, cruzando el puente del Paseo del Cisne sobre La Castellana. Toda la zona está siempre muy concurrida de paseantes, entre los que abundan los foráneos, a la búsqueda de lo último en moda y diseño o para acudir a alguno de sus innumerables locales de copas, por la noche, o a tapear, a mediodía.
Precisamente en Juan Bravo (nº 12), se ha establecido el conocido chef Sergi Arola con su D’e Paninoteca, en la que destacan las coca-pizzas. Otros lugares típicos pueden ser Jurucha, en Ayala 19, especializada en pinchos; La Giralda, en Claudio Coello, 24, típicas tapas de Andalucía; los que prefieran la cocina creativa irán a Lateral en Velázquez, 57 y los que además de tapear quieran degustar el típico “cocido madrileño” no se verán decepcionados si acuden a la Taberna La Daniela, en General Pardiñas, 21.
Serrano, eje de una zona comercial de lujo
Serrano pasa por ser la calle comercial más surtida y elegante de España.
Nombres clásicos como Gancedo, Álvarez Gómez o la Sala de Subastas Durán son un ejemplo. Pero no faltan nombres como Adolfo Domínguez; Prada, Loewe; Lotusse, Purificación García, La Perla, Simorra, Gucci, Gastón y Daniela, Zegna, Bally, Lurueña, Intmissimi, Cartier, Tous, Farrutx, Verino… y, por supuesto, grandes tiendas como ABC de Serrano, Cortefiel, El Jardín de Serrano, o el omnipresente, El Corte Inglés.Pero hay otras cosas en el barrio. Están los llamados jardines del Descubrimiento, con don Cristóbal Colón encaramado en su columna de la que nunca ha descendido para darse el gustazo de tomar café en el vecino Gijón; el Museo Arqueológico o la Biblioteca Nacional; los museos del Ejercito, Lázaro Galdiano, el de Artes Decorativas o la Fundación March. Y, justo en los alrededores de lo que serían los estrictos límites del barrio, y muy cerca de la histórica Puerta de Alcalá, están Los Jerónimos, el Museo del Prado, el de la Marina, el del Ejército o el Thyssen, muy, muy cerca de dos de los más emblemáticos hoteles de la ciudad: el Palace y el Ritz, situados a ambos lados de la Plaza de Neptuno.
Y para los que no conozcan el barrio anoten los nombres de estas calles: Goya, Lagasca, Claudio Coello, Velázquez, Núñez de Balboa, Ayala (llamada antiguamente “Pajaritos”), Hermosilla, Don Ramón de la Cruz, José Ortega y Gasset… o Alcalá, que debe su nombre al hecho de ser la salida natural hacia Alcalá de Henares, lugar donde tradicionalmente hacían la primera parada los viajeros en tiempos de las diligencias.
Todas ellas están llenas de joyerías, mueblerías, casas de moda, hoteles, cafés, peluquerías, tascas, embajadas, restaurantes, locales de copas, cines… y, sobre todo, las más elegantes viviendas de la ciudad.
Calles que únicas y exclusivas que llevan, sin querer al paseante al Parque de El Retiro, pulmón de Madrid y más de 118 hectáreas de jardines y zonas verdes para disfrute de gente del barrio, de un poco más allá y de mil y un países. Un parque único, orgullo de Madrid y del Barrio de Salamanca.
Un barrio para pasear, sí; un barrio para ir de compras, también; un barrio para disfrutar pero, sobre todo, un magnifico barrio para vivir Madrid.
El barrio, en el que todo el mundo quiere vivir.
El Distrito de Salamanca es por méritos propios el barrio en el que todo el mundo quiere vivir. Vivir en el barrio de Salamanca es prestigio y exclusividad. Y son esas dos palabras, lo que quieren y buscan las personas que el mismo residen o quieren comprar una vivienda. El perfil de los inquilinos del barrio de Salamanca es el de personas de alto nivel adquisitivo que buscan vivir en una de las zonas más exclusivas de Madrid, al mismo tiempo que invierten en un inmueble de lujo, que es su casa pero también una gran inversión.
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